De Turín a Buenos Aires, con lo puesto
Augusto Prot huyó de Turín después de la Segunda Guerra Mundial. Llegó a Argentina con experiencia de una fábrica en Milán — y con una idea. En 1950, inventó la Pastalinda: una máquina de pasta que reemplazó al palo de amasar en miles de cocinas argentinas.
Su hija, María Pía, le puso el nombre. "Pasta linda" — así de simple.
75 años después
Hoy la fábrica la dirige Jonathan Romero, bisnieto de Augusto. Pastalinda se exporta a más de 20 países y se vende en Amazon en Estados Unidos. Una marca argentina, nacida de un inmigrante italiano que trajo el conocimiento de hacer máquinas en la cabeza y las ganas en el corazón.
Lo que un inmigrante puede importar
Augusto no importó productos — importó conocimiento. Pero su historia es la historia de la Argentina misma: un país construido por personas que trajeron ideas del exterior y las convirtieron en algo propio.
Hoy, miles de emprendedores hacen lo mismo cada día cuando importan su primera máquina, su primer insumo, su primer prototipo. La Pastalinda empezó con un tipo que sabía hacer máquinas. Tu negocio puede empezar con una importación.
Fuente: La Nación